sábado, 30 de mayo de 2015

¿Y por qué Diseño Gráfico?

He tenido que contestar a esta pregunta últimamente, porque no pocos se han sorprendido de esta nueva faceta mía, y el caso es, que si me pongo a hacer autoanálisis descubro que ésto no es nada nuevo en mí, sino que probablemente viene de lejos, pero quizás en la edad en la que tienes que decidir tu futuro, o bien no te orientan bien, o bien te dejas llevar por lo académico más que por lo profesional, como creo que me sucedió a mí.


En mis tiempos de estudiante, alguna vez tuve que explicar que lo que estaba cursando no era Bellas Artes sino Historia del Arte, y es que hay quien confunde estas dos titulaciones. De hecho un profesor mío nos dió una respuesta a ésto sugiriendo que los primeros eran artistas y los segundos eramos artistas frustrados. Y creo que en parte no iba falto de razón.

A veces lo que crees una afición se convierte en inquietud y esta última en una nueva forma de vida cuando las circunstancias cambian y de repente te ves con la oportunidad de aprender y formarte en algo que antes ni siquiera barajabas como opción.

Todo empezó con una cámara de fotos. Siempre me ha apasionado la fotografía, de hecho fue en lo primero que me refugié cuando me ví desempleada, -bueno en la fotografía y en la thermomix, que también le di buen uso cuando de pronto me encontré con todo el tiempo del mundo-. Mi marido me regaló una buena cámara reflex con su paquete de formación incluido en +Nikon School, y esto fue suficiente para que yo me entregara en cuerpo y alma a mi nuevo juguete. Tanto que la cámara parecía un apéndice de mi cuerpo, no había paisaje ni puesta de sol ni nube que se me escapara, empecé a disparar de forma compulsiva al gorrión, a la petunia, y a la amiga distraída. Y no debía hacerlo mal cuando todo el mundo comenzó a contar conmigo y mi apéndice para todo evento fotografiable "Carmen, vendrás, ¿no? ... y ¿te vas a traer la cámara?" Pues sí, he hecho unos cuantos reportajes gratis durante unos años, porque me ha salido del corazón, y porque lo consideraba parte del aprendizaje. Tal era mi afición que empecé a plantearme la fotografía como futuro laboral, pero como la vida es caprichosa, justo cuando me estaba informando de cómo ampliar mi formación en esta disciplina, mi embarazo tardío surgió como una nueva aventura que cambiaría de nuevo el rumbo de mi vida. Un embarazo y una cámara de fotos es compatible perfectamente, pero un bebé e iniciarte en la fotografía como algo profesional, a mí desde luego me resultó un objetivo inalcanzable. Además los horarios y el calendario de un fotógrafo eran completamente incompatibles con los del trabajo de mi marido, y por ello tuve que descartarlo.

Me resistía a abandonar este campo, y me exprimí el cerebro hasta dar con una profesión que fuese compatible con la fotografía y la conciliación familiar. Por eso en la voluntad de aunar todos estos factores, fue que mi nueva vocación derivara hacia el diseño gráfico. Y por ello me he formado hasta conseguir una titulación oficial que he finalizado con cuarenta y un años y bien orgullosa de ello que estoy.

Y así ando, entre papillas, Photoshop, ilustraciones y biberones, intentando ubicarme en el complicado retorno al mundo laboral... ¿Lo conseguiré?


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